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snow mountain under stars
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gray cat lying on black textile
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yellow flowers in vase
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assorted books on wooden table
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multicolored painting palette
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black and white feather illustration
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La lluvia cae como si arrastrara consigo los últimos suspiros del verano, como un llanto interminable que no encuentra consuelo. Es el otoño quien la llama, quien la despierta de su letargo, para que bañe las calles y los árboles desnudos, llevándose con ella los restos de una felicidad que siempre fue efímera.

El cielo gris parece abrazar el peso de las hojas muertas, que caen sin prisa, como almas que se rinden. Cada gota es un eco de lo que fue, de esas risas que llenaban los días cálidos y que ahora se disuelven en el silencio de la tarde. La lluvia lo cubre todo, borra las huellas, difumina los recuerdos, como si quisiera que todo lo vivido fuera apenas un sueño pasajero.

Y bajo esa cortina de agua, el alma se hunde, como si comprendiera que la felicidad no es más que un espejismo, algo que el viento arrastra junto con las hojas secas, dejando un vacío que la lluvia solo sabe llenar con su fría melancolía.

Otoño no perdona, y en su abrazo húmedo se lleva lo que queda de la luz. Solo queda la espera, el eco de las gotas en los cristales, el recuerdo amargo de lo perdido, mientras el corazón aprende, una vez más, que todo lo bello es tan fugaz como el brillo en los charcos.

Miguel

4 de Diciembre de 2024

La noche, ese lienzo infinito de sombras y luces temblorosas, es su única compañera. En cada crepúsculo encuentra un refugio, donde el silencio pesa más que el bullicio de los bares. Se sumerge en esas madrugadas que parecen nunca acabar, donde los rostros cambian, pero las historias se repiten como ecos de una melodía olvidada. Los bares son su templo, las botellas, las confesiones calladas que jamás compartió con nadie.

La soledad no es un destino, sino un hábito que ha ido cultivando entre el humo de los cigarrillos y el cristal frío de las copas. Las luces tenues de neón le dan un sentido de pertenencia, como si fuera parte de esa penumbra que consume las horas. La risa de los otros resbala sobre su piel, distante, ajena, pero él no siente envidia, solo una calma resignada. Aquí, bajo el manto de la noche, no hay promesas que cumplir, ni expectativas que romper.

Se obsesiona con los bares como quien busca en ellos un consuelo, un motivo, una explicación a su vacío. Pero la verdad es que no la hay. Solo está él, solo está la noche. Y quizás eso sea todo lo que necesita.

miguel

4 de diciembre de 2024

"Conducir tu ausencia"

El coche avanza por caminos que parecen no tener fin, enredándose en las sombras del pasado. A través del cristal, el mundo se diluye, los edificios y las personas son espectros borrosos, fantasmas que nunca terminan de asentarse. El motor ruge suave, un susurro que acompaña los pensamientos rotos, las palabras no dichas, los silencios prolongados.

Cada kilómetro que recorres es una huida hacia ninguna parte, un intento por dejar atrás los ecos de su voz, su risa, sus manos que ya no estarán. Pero es inútil. Ella sigue allí, sentada en el asiento vacío, como un recuerdo indeleble que se aferra a cada rincón del coche. El aire huele a su perfume, a esas conversaciones que nunca llegaron a tener, a las preguntas que aún arden en tu pecho. No se puede huir de lo que uno lleva dentro.

El volante entre tus manos es un amuleto, un lazo invisible que te une a lo perdido. Giras y giras, esperando quizás encontrar en alguna curva, en algún recodo del camino, una respuesta. Pero las respuestas nunca están en la carretera. Están en ti, en ese rincón del alma que te niegas a abrir, por miedo a lo que puedas encontrar, por miedo a lo que ya has perdido.

Y ella sigue callada, presente en cada kilómetro recorrido, en cada palabra ahogada en el silencio. Conduces, porque es lo único que queda. Porque tal vez, solo tal vez, en el vaivén de las ruedas sobre el asfalto, logres comprender que algunos vacíos no se llenan, que algunos amores no se olvidan, que la ausencia puede ser tan tangible como la piel.

El coche avanza. El horizonte nunca se acerca. Y tú, solo conduces.

Conducir tu ausencia
Conducir tu ausencia

miguel

13 de Septiembre de 2024

HUESOS DE SANTOS

Son blancos como el mármol,

delicados como la luz de otoño.

Los Huesos de Santos reposan

en bandejas doradas,

dulces reliquias de azúcar

y almendra que se deshacen en la boca,

pero no en el recuerdo.

En ellos, hay algo antiguo,

una tradición que se palpa

en el crujir de su fina corteza,

un eco de rezos y campanas,

de manos que los moldean

como si modelaran almas,

dando forma a la devoción en lo más pequeño.

Los comes despacio,

como quien desentierra secretos

de lo más profundo del tiempo.

Esos huesos,

de apariencia simple y frágil,

guardan la memoria de los que ya no están,

ofrendas dulces a los días de difuntos,

una caricia en la lengua

que recuerda que lo mortal

y lo eterno se rozan en cada bocado.

Huesos que no duelen,

que no pesan,

que se desmoronan con suavidad,

dejando tras de sí un rastro sutil,

un recuerdo de almendra y azúcar,

como si el olvido también fuera algo

que se pudiese saborear.

MIGUEL

13 DE sEPTIEMBRE DE 2024

BOCAS QUE NO BESAN

Bocas que no besan,

silencio entre dos mares,

se ahogan las palabras

en los labios sin lugares.

Y cuántos besos olvidados

quedan vagando en el aire,

como estrellas apagadas

sin hallar dónde posarse.

Cada beso no dado

es un eco que no muere,

es un deseo callado

que en la piel nunca florece.

Cuántos besos perdidos,

cuántos labios vacíos,

y en la memoria de la piel

se disuelven como ríos.

Porque una boca sin besos

es un abismo sin nombre,

un latido sin eco,

un amor que no responde.

Besos que no besan
Besos que no besan

miguel

13 de Septiembre de 2024

El día comienza sin nombre, un reflejo de él mismo. Camina por la ciudad como un espectro desvaído, deslizándose entre las sombras de edificios grises que se alzan como gigantes sin alma. La gente pasa a su lado, pero él no siente su presencia; son figuras que se mueven al compás de una sinfonía que él no puede oír, una melodía de la que no entiende el ritmo.

Cada paso que da es un eco de una vida que no le pertenece. Su mirada vaga entre las miradas ajenas, pero nunca encuentra un punto de anclaje. Observa las sonrisas que se dibujan en los rostros, pero no logra descifrar el código que las origina. Las palabras que flotan en el aire parecen vacías, meros ruidos sin significado que rebotan en su mente sin dejar huella. Es como si viviera en un idioma extranjero, donde cada sílaba es una barrera que lo aleja de la realidad circundante.

No entiende la prisa que impulsa a los demás, esa carrera constante hacia un destino que para él no existe. Ve los rostros apretados por la urgencia, los ojos clavados en relojes que marcan un tiempo que a él se le escapa entre los dedos, como arena. El mundo parece moverse a una velocidad que su espíritu no puede seguir, un tren que lo dejó atrás en una estación olvidada.

Se sienta en un banco de un parque que alguna vez fue su refugio, pero ahora se siente como un extraño en un lugar que ya no le pertenece. El viento le susurra palabras que no comprende, y las hojas caen a su alrededor en un murmullo de despedidas que él no sabe interpretar. Los niños juegan cerca, pero sus risas son como ecos distantes, fragmentos de una alegría que él no logra recordar.

Recuerda un tiempo en el que todo parecía tener sentido, cuando las piezas encajaban, cuando su lugar en el mundo no estaba en duda. Pero esos días se han desvanecido como un sueño al amanecer, dejando solo la sensación de haber perdido algo que nunca podrá recuperar.

Las luces de la ciudad comienzan a encenderse, pero para él, la oscuridad es lo único que permanece constante. Mira las ventanas iluminadas, cada una un universo del que él no forma parte. La soledad se le pega a la piel como una segunda sombra, una que lo sigue a todas partes, recordándole su desconexión con la vida que lo rodea.

No es que él no exista, es que su existencia es un espacio vacío entre los demás. Un lugar sin nombre, un susurro perdido en el viento, una presencia que se desvanece como un sueño del que nadie se acuerda al despertar.

Y así continúa, un caminante sin rumbo en una tierra que no reconoce, un extraño entre su propia gente, un nombre que nadie pronuncia. Un hombre que no está realmente aquí, pero que tampoco se ha ido del todo. Un no-hombre, atrapado en un mundo que sigue girando sin él.

NOWHERE MAN

26 DE agosto de 2024

miguel

Tendría que estar prohibido haberte querido como te quise.

Sí, lo digo yo, que siempre he renegado de las prohibiciones, que he defendido con uñas y dientes la libertad de cada ser, la posibilidad de amar sin ataduras y vivir sin cadenas. Pero hoy, mientras las sombras se alargan en el ocaso de lo que fue, me descubro queriendo prohibir lo imposible.

Debería estar prohibida la muerte, esa ladrona silenciosa que arrebata sin compasión lo que amamos, dejándonos con un vacío que nunca podrá ser llenado. Prohibida la enfermedad, que arrastra cuerpos y almas al dolor y a la desesperanza, tiñendo de gris los días que alguna vez fueron luminosos.

Quisiera prohibir el olvido, esa niebla que se instala en la memoria, borrando los rostros, las voces, los momentos que nos dieron vida. Que se prohibiera, con toda la fuerza de la ley, el desamor, el desencuentro, el abandono. Que nunca más se permitiera la traición, esa puñalada que duele más que cualquier herida física, y que deja cicatrices en lo más profundo del ser.

Y sin embargo, en mi contradictoria sinceridad, sé que prohibir todo eso no haría más que traicionarme a mí mismo. Porque en esa prohibición estaría negando la esencia misma de lo que somos: seres frágiles, errantes, que aman, sufren y caen, solo para levantarse de nuevo, a veces más fuertes, a veces más heridos.

Pero hoy, en esta amarga reflexión, no puedo evitar desear que hubiese sido diferente. Que hubiese existido un decreto, una ley, un edicto que me hubiera impedido quererte como te quise. Porque ese amor, tan profundo, tan verdadero, me dejó desarmado frente al abismo de tu ausencia. Tendría que haber estado prohibido quererte así, con tanta intensidad, con tanta entrega, como si no existiera un mañana.

Y tal vez, solo tal vez, en un mundo donde esas prohibiciones fueran realidad, el dolor no me quemaría como lo hace ahora, el vacío no sería tan insoportable, y mis días no estarían teñidos de esta tristeza que se resiste a desvanecerse.

Pero mientras los sueños de prohibiciones imposibles se desvanecen con la última luz del día, me queda solo la amarga verdad de que te quise más allá de toda razón, más allá de cualquier prohibición. Y eso, aunque me destruya, es lo único que aún me sostiene.

Miguel

10 de agosto de 2024

Bajo el manto estrellado, junto al mar,

donde el susurro de las olas nos envuelve,

nuestras almas se encuentran, sin hablar,

en un silencio que el corazón conmueve.

Tus ojos, reflejando el horizonte,

brillan como faros en la inmensidad,

y en cada ola, un suspiro, un monte,

que nos promete eterna felicidad.

La brisa lleva tu risa, melodía suave,

a mis oídos, canto de sirena,

y en tu mirada, veo una llave,

a un mundo donde el amor es plena.

Juntos, descalzos, caminamos en la arena,

dejando huellas que el tiempo borrará,

pero en mi pecho, tu amor en cadena,

será un faro que nunca se apagará.

El mar, testigo de nuestro querer,

guarda en sus aguas nuestro secreto,

y en cada ola, un eterno volver,

a este amor, profundo e indiscreto.

21 de Agosto de 2024

miguel

Sueño febril

En el umbral de la vigilia,

donde las sombras se desdibujan,

nace un sueño de pesadilla,

un lienzo donde la cordura se raja.

Un cielo carmesí, sin estrellas,

un sol negro que todo lo devora,

árboles que lloran hojas de muertas,

y un viento gélido que me implora.

Un río de tinta que fluye incesante,

arrastrando almas en su corriente,

rostros sin ojos, miradas vacías,

en un lamento eterno y silente.

Un bosque de espinas me envuelve,

susurros malignos me rodean,

criaturas acechan en la penumbra,

mientras mis pasos se vuelven endebles.

Despierto con un grito ahogado,

el corazón latiendo desbocado,

la imagen del sueño aún presente,

en mi mente como un tatuaje marcado.

¿Realidad o fantasía?, me pregunto,

en la bruma del alba naciente,

mientras la luz del sol se abre paso,

y la oscuridad se va difuminando lentamente.

21 de Agosto de 2024

miguel

En la ciudad de neón y sombras,

donde la lluvia se mezcla con luces frías,

los edificios rascan el cielo,

y el silencio se desliza por las calles vacías.

Los anuncios parpadean promesas huecas,

hologramas de sueños olvidados,

en un mundo de acero y cristal,

donde la soledad es un eco prolongado.

Los rostros pasan, pero no se miran,

ojos perdidos en pantallas brillantes,

almas errantes en un mar de tecnología,

buscando conexión en sus mentes distantes.

Coches que vuelan en rutas de luz,

pero el corazón se queda anclado,

en la oscuridad de la existencia,

donde el calor humano se ha evaporado.

Las voces artificiales llenan el aire,

pero no pueden ahogar el vacío,

de corazones que laten aislados,

en una danza de silencio sombrío.

Las torres observan con indiferencia,

la multitud sin nombre que deambula,

cada ser es una isla en la tormenta,

una chispa solitaria que se desmorona.

Bajo el cielo eternamente nublado,

los sueños se mezclan con el humo,

en esta metrópoli sin alma,

donde la soledad es el único refugio.

Y así, en la ciudad del futuro,

la humanidad camina en sombra,

perdida en su propia creación,

buscando en vano, una mano que la sostenga.

11 de agosto de 2024

miguel

El primer amor

¿ Recuerdas el parque?

En aquel tiempo los ayuntamientos

no tenían presupuestos para farolas.

No sé porqué llorabas,

sé que te bese en la mejilla

y con tu brazo

rodeaste mi cintura.

No sé porque llorabas

pero mi brazo

se enroscó en tu cintura.

¿Recuerdas el olor a jazmines?

En aquel tiempo los ayuntamientos

no tenían presupuesto para farolas.

No sé porqué me besaste

si solo te dije

te quiero

No sé porqué te bese

si solo me dijiste

te quiero.

1 de julio de 2024...

Miguel

LOS MONSTRUOS

Todos los niños lo saben,

Por eso,

A veces

Nos ruegan, nos lloran, nos patalean.

Quieren que durmamos

con ellos,

que les arrullemos con nuestros abrazos.

A veces,pasa.

Todos los niños saben,

que un montón de monstruos ,

( no saben contarlos, todavía)

se meten debajo de la cama,

antes de acostarnos.

Allí se alimentan

de nuestros sueños,

de nuestros insomnios,

de nuestros rezos,

de nuestros amores,

de nuestros lloros

y de nuestra soledad.

A veces, pasa.

Por eso,

a veces

Yo ruego, yo lloro, yo pataleo.

Yo quiero que duermas

conmigo,

que me arrulles con tus abrazos.


5 de Julio de 2024

miguel

Es un fastidio morirse


No es la muerte en sí, sino lo que queda,

la brisa del alba sin la piel que la sienta,

los libros cerrados con historias abiertas,

los pasos en calles que ya no esperan.


Las risas que estallan en tardes doradas,

el café compartido, las miradas calladas,

los sueños tejidos en noches estrelladas,

las lágrimas dulces, las promesas amadas.


Es la falta de abrazos en tiempos de frío,

el canto del río que ya no es mío,

los rostros queridos que se desvanecen,

las manos tendidas que ya no se encuentran.


Es la música suave que danza en el aire,

los aromas de hogar que nunca se apagan,

las charlas tranquilas bajo un cielo de luna,

los ecos de amor en palabras tempranas.


No es la quietud final lo que apena,

sino todo lo vivido que se vuelve quimera,

las luces que brillan en la vida entera,

los hilos de historia que el tiempo devora.


Es un fastidio morirse, dejar tanta vida,

tanta risa, tanto amor, tanta herida,

no por miedo al fin, sino por lo que duele,

no sentir más el mundo que tanto contiene.


MIGUEL

10 de julio de 2024

En la penumbra de la ciudad dormida,

se arrastra la sombra de la miseria,

rebuscando en la basura, alma herida,

esperanza perdida en la noche etérea.

Los bajos fondos susurran secretos,

donde la droga teje sus redes de olvido,

y en las esquinas, sueños incompletos,

las prostitutas, con rostros de hastío.

Los callejones, ecos de desconsuelo,

historias de vida marcadas por el dolor,

una ciudad que en la noche es un velo,

cubriendo con sombras su pálido color.

Y mientras tanto, la lluvia pinta la música,

en los cristales de mi habitación.

Miguel

14 de julio de 2024

a group of people crossing a street at night
a group of people crossing a street at night

En la danza oscura de sombras y niebla,

se escucha el lamento del viento herido,

ecos de llantos en el abismo perdido,

donde el cielo llora sangre de estrellas.

El tiempo se desangra en relojes rotos,

cada segundo, un susurro de muerte,

en la tierra dormida, la esperanza inerte,

mientras la luna viste harapos de loto.

Los campos, otrora verdes, susurran,

ahora son mares de hierro y ceniza,

donde el sol, pálido, con susurros se desliza,

y las flores del olvido amargamente murmuran.

Las almas vagan, sombras sin destino,

buscando en los escombros su propio yo

en el río de lágrimas que corre, añejo,

llevándose consigo el eco divino.

La guerra, un monstruo con mil rostros,

devora los sueños con garras de hielo,

susurra promesas en un lúgubre cielo,

y deja en los corazones abismos y fosos.

LA GUERRA

14 DE JULIO DE 2024

miguel

No me gustan los cementerios,

esas cárceles de máxima seguridad,

donde las almas yacen en silencio,

presas de una eterna oscuridad.

Muros de mármol frío y solemne,

custodian recuerdos que ya no están,

rejas de olvido y de tristeza,

encarcelan vidas en su inmensidad.

Cada tumba, una celda sin ventanas,

donde el tiempo se detiene sin razón,

un presidio de sueños ya marchitos,

un exilio sin redención.

No me gustan los cementerios,

donde la esperanza se convierte en piedra,

donde el viento gime entre las lápidas,

y la soledad es la única bandera.

Prefiero el canto de los ríos libres,

el abrazo de un bosque sin final,

que la fría prisión de los cementerios,

donde la vida no puede respirar.

NO ME GUSTAN

14 DE JULIO DE 2024

MIGUEL

En la quietud del muelle, donde el sol se funde con las aguas profundas, me detengo a contemplar un submarino que se desliza silencioso en la superficie. Susurros de recuerdos emergen, como burbujas que estallan en el aire, trayendo consigo la memoria de nuestro primer amor.

Tú y yo, dos navegantes inexpertos, descubrimos juntos el océano vasto del amor. Cada mirada, cada roce, era una nueva isla en nuestro mapa desconocido. Nos embarcamos en una travesía sin cartas ni brújulas, confiando únicamente en la guía de nuestros corazones. Fue un tiempo de maravillas, de cielos despejados y mares en calma.

Pero los equívocos se colaron entre nosotros como corrientes traicioneras. Pequeños malentendidos que al principio parecían inofensivos, se convirtieron en tempestades que rompieron el encanto. Nos perdimos en el mar de suposiciones y palabras no dichas, hasta que nuestras almas, antes tan unidas, comenzaron a desviarse en direcciones opuestas.

Ahora, al mirar este submarino, siento la nostalgia de lo que fue y de lo que no pudo ser. Bajo su casco de acero, imagino que guarda secretos, recuerdos sumergidos en la oscuridad. Así como yo guardo los nuestros, en un rincón profundo de mi ser.

Esta despedida es dolorosa, pero también amistosa. Agradezco cada instante vivido, cada sonrisa compartida. No hay rencor, solo una tristeza dulce que acompaña el adiós. Nos amamos como dos exploradores que encontraron un tesoro, pero que no supieron cómo conservarlo.

Te dejo ir, como el submarino que se aleja en la distancia, llevando consigo una parte de mi alma. Y aunque el dolor sea inevitable, el amor que compartimos seguirá siendo una estrella que brilla en la vastedad de mis recuerdos, guiándome en noches oscuras, recordándome que alguna vez, en ese muelle de la vida, descubrimos juntos la inmensidad del amor.

El SUBMARINO

14 DE JULIO DE 2024

MIGUEL

El Sueño del Océano Invertido

En la costa del reloj derretido,

donde el tiempo se despliega como un abanico de estrellas,

las olas murmuran secretos en un idioma olvidado,

y los peces vuelan entre nubes de coral.

La luna, con sus ojos de cobalto,

se sumerge en un mar de espejos rotos,

mientras las sombras se transforman en pájaros de tinta

y las arenas cantan himnos al viento de medianoche.

En el horizonte de sueños líquidos,

los árboles caminan hacia el infinito,

sus raíces se entrelazan con los susurros del océano,

y los frutos son esferas de cristal que contienen universos.

Un gato de fuego danza en las dunas de plata,

persiguiendo reflejos de estrellas caídas,

sus ojos, dos luciérnagas atrapadas en un frasco de jade,

brillan con la intensidad de mil amaneceres.

Las montañas flotan como naves de papel,

navegando en un cielo de terciopelo negro,

donde los astros son faros que guían a los navegantes

perdidos en la inmensidad de sus pensamientos.

Y en el centro de este delirio sin fronteras,

un niño de arena y agua juega con mariposas de luz,

su risa, una melodía que quiebra el silencio,

creando constelaciones en cada latido de su corazón.

Aquí, en el reino de lo imposible,

los sueños se tejen con hilos de realidad alterada,

y el alma se disuelve en un torbellino de colores,

perdiéndose y encontrándose en el misterio del todo.

17 de Julio de 2024

miguel

blue and white smoke illustration
blue and white smoke illustration

En el laberinto de cifras y gráficos,

donde el reloj parece diluirse en el café,

tus palabras son algoritmos precisos,

ecuaciones que mi mente resuelve una y otra vez.

En el cosmos digital de informes y correos,

tus ojos son constelaciones,

puntos de datos que iluminan

el mapa de mi jornada, constante inspiración.

Cada presentación es un soneto cifrado,

donde tus ideas brillan con lógica serena,

y entre los márgenes de las hojas,

encuentro el pulso de tu esencia.

Tus risas son variables independientes,

aleatorias pero con una bella distribución,

un sesgo positivo que inclina mi día

hacia la medianoche de tus pensamientos.

En la sinfonía de teclados y clicks,

tu presencia es una melodía de fondo,

armonía sutil que equilibra

la ecuación de lo cotidiano.

Nuestro trabajo es un poema en prosa,

donde cada proyecto es un verso,

cada éxito, una rima compartida,

y tú, la musa que transforma el caos en arte.

18 de julio de 2024

A UNA AMIGA

MIGUEL

woman wearing yellow long-sleeved dress under white clouds and blue sky during daytime

¡Un espacio maravilloso para compartir y descubrir poesía! Me encanta la comunidad poética aquí.

Luisa M.

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Este sitio es perfecto para los amantes de la poesía. ¡Gracias por crear este espacio tan especial!

Pedro R.

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